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miércoles, 15 de mayo de 2013

Upstream color (el veneno de Thoreau.)


Shane Carruth, eres un genio.


Fué un lunes, nada más despertarme. La ví de un tirón, me pareció que había durado instantes. No he visto 'Primer', esa supuesta ópera prima para cerebritos cuyo argumento ha dado lugar enormes diagramas explicativos, para descifrar la historia de unos ingenieros que descubren por casualidad el viaje en el tiempo.

Este hombre no nos regalaba cine desde hace nueve años. Pero yo pocas veces he visto una película tan hipnótica. Y una crítica en The New Yorker, muy acertada, la comparaba con el veneno -azul en este caso- del pensamiento de Thoreau. Tengo que leer 'Walden (o la vida en los bosques)'.

Una divagación sobre la verdadera naturaleza de la vida; ¿el mundo es bello o es una maldición?, ¿de dónde surge su belleza sino de la putrefacción de todo lo muerto? Ese veneno, que nos carcome. Dentro, quizás, de nuestro cerebro.

Y la historia de dos personas enlazadas por ese misterio que es la biología humana, atrapadas en un ciclo invencible de eternidad. El ciclo de la vida.

Los gusanos y las larvas.

Dos amantes que se entretejen con sus brazos, abrazando así su destino, que en un sentido más holístico que ofensivo, se equipara al de dos cerdos. 

Muchos dirán 'una panoia...' y otros dirán 'qué genialidad' pero pienso que todo el mundo apreciará la gran dosis de filosofía y ciencia que encierra esta película. 

Un parásito que trastorna la percepción de la realidad, como podría ser el Toxoplasma (la infección en embarazadas es factor de riesgo de esquizofrenia fetal, entre otras enfermedades) se apodera de los  ¿protagonistas? de esta trama. En una entrevista con Carruth, parecía reafirmar que efectivamente se había inspirado en el mundo de los parásitos, preguntándole al reportero:

-'¿Has oído hablar alguna vez de esos parásitos que infectan el cerebro de las avispas y las hacen volar en círculos?'

Y es que la propia larva con su neurotoxina, es la verdadera protagonista; capaz de lavarnos el cerebro, esta larva común de cucaracha tiñe de azul las flores que crecen en su tierra. 
'El ladrón', un personaje aficionado a la botánica, identifica las larvas por ese detalle y las separa para utilizarlas a su conveniencia. Para ello cuenta con adolescentes que recogen las flores azuladas en el bosque y reciben como premio una Diet Coke mezclada con residuos de las larvas, capaz de hacer cambiar su sensibilidad propioceptiva. Kris, la chica de nuestra pareja de enamorados, va a ser atacada a la salida de un bar por 'El ladrón', que deslizará una larva por su garganta y la secuestrará en un intento manipulativo de conseguir el valor de su casa en dinero -en monedas, para ser precisos-, además de encargarle todo tipo de tareas sin piés ni cabeza, y entre ellas la transcripción y memorización de 'Walden', de Thoreau.
Las hojas emborronadas de apuntes se pliegan sobre sí mismas hasta que la papiroflexia da lugar a un eslabón de una guirnalda, cuyos bordes se pegan cuidadosamente. La cadena de la vida.
¿Las guirnaldas apiladas en cubos de basura son señales de alegría o de pena? La fiesta ha acabado, pero al fin y al cabo, ha habido fiesta. Mejor existir que flotar en la nada.


'El ladrón' le dice a Kris que no puede mirarle directamente porque su mente brilla como el sol. Este es un llamamiento a despertarse; también Thoreau llama al sol 'la estrella de la mañana' con ese propósito. Despertémos a contemplar el ciclo.

La larva sigue invadiendo el cerebro de Kris, no importa lo mucho que intentará sacársela a cuchilladas, hasta que otro personaje entra en juego: 'The Sampler', una especie de catador de sonidos que busca incesantemente imitar los ecos de la naturaleza sentado con su organillo en algún recodo rural. Porque sabe que a las larvas se las atrae con estos sonidos, y es así como Kris va a su encuentro, pues es el parásito en su cerebro quien decide el rumbo. 
Es entonces que nuestro catador de sonidos realiza una transfusión sanguínea bidireccional entre Kris y un cerdo, pasando ahora la larva al cerebro porcino. La escena siguiente es un hospital donde todos los pacientes están moribundos o sedados, y quizás sea esta una escena visionada a través de los ojos del cerdo, portador actual de la larva. Los pacientes humanos son cerdos en realidad, mirados por otro cerdo, que está convencido de su humanidad... un mero producto de una infestación parasítica.

Y Kris se despierta en mitad de la nada, sentada en su coche sin poder recordar. No ha ido al trabajo en varios días y sus excusas no van a evitarle el despido. No tiene nada; ha perdido su dinero, su casa, cree que es una enferma psiquiátrica y vive medicada.

La redención: el amor. 
En el metro conoce a Jeff (interpretado por el propio Carruth) y se enamoran (a la par que una pareja de cerdos comienza también a intimar). Ninguno comprende el vínculo que les une; se atraen, quieren estar juntos... Jeff también lo ha perdido todo y atribuye su fracaso al alcoholismo. Su incipiente romance culmina en una escena de pocilga: abrazados bajo las sábanas blancas, despiertan rodeados de una piara y se clavan en el estiércol las patas de su cama. Este amor supremo, este romance del que sólo somos capaces los humanos, esta 'superioridad' emocional que nos separa de lo animal se torna ahora irónica. Tal vez no estemos viendo otra cosa que a dos cerdos que retozan, creyéndose humanos gracias a la neurotoxina larvaria.

El catador de sonidos sabe que sus cerdos encierran parte de humano, se acerca a ellos y los acaricia a diario. Los sonidos silvestres que captura y que imita con su música se nos comparan con sonidos de máquinas; fotocopiadoras, impresoras... como si fuesen ellas mismas imitadoras de la naturaleza. 
El apareamiento de los insectos en una mesa de oficina.

Pero han nacido cerditos y la pareja de cerdos se protege del catador de sonidos, distraído ahora de Jeff y Kris, mientras evita que se le resistan y hullan. Kris desarrolla ahora un frustrado instinto maternal, quizás piense que los cerditos son o deberían ser su propia descendencia.
Los médicos le realizan estudios y descubren que en su día se le extirpó un tumor de útero en estadío avanzado. ¿Es la existencia un privilegio o una maldición?

-'Parece ser que eres una superviviente de un estadío III, Kris...'

Pero no hay alegría. Kris no recuerda nada. Lo único que cuenta es la pérdida, la pérdida potencial de su maternidad deseada. ¿Cuánto vale la supervivencia, es que sobrevivir basta? En este momento sobrevivir, para Kris, es una desgracia.
Y es ahora que el catador de sonidos separa a los padres de los cerditos, tirando a las crías en una bolsa a un río que se inundará de esencia azulada cuando llegue su putrefacción. Ese veneno, el veneno de Thoreau, ha pasado a la descendencia de los cerdos y colorea las flores de azul, para que 'El ladrón' las venda en los mercados.

Kris está alerta, como una madre a medianoche cuando su bebé llora, y no entiende las causas... pero escucha un sonido que proviene de debajo de la tierra, del crujir quizás de las raíces donde parasitan ahora las larvas. Como suele decirse; la llamada de la naturaleza. Jeff también está asustado, y los dos terminan abrazados, escondiéndose de todo en una bañera. 

'Walden' entra en juego a modo de recital acuático; Kris nada en una piscina de un azul clorado, recogiendo piedras del fondo, y recitando líneas del libro de Thoreau con cada déposito. Estas piedras parecen simbolizar la construcción de un sentido para esta pareja. Hay algo más detrás de su historia. 
Es así como acaban encontrando al catador de sonidos, atraídos por sus ecos imitados, y se le ajusticia a golpe de pistola. Los múltiples informes médicos que acumulaba en la granja de cerdos les revelan a otros muchos que han sido víctimas de la parasitación y a todos ellos Jeff y Kris les envían una copia de 'Walden', de Thoreau. Todos ellos despertarán así de su ensoñación e irán a la granja para cuidar de unos cerdos que serán para ellos más importantes que sí mismos. Un momento; ¿son ellos mismos?

Los pequeños ya no son lanzados en un saco al río más próximo, por tanto ya no existe putrefacción y las flores no vuelven a crecer azuladas por la neurotoxina. Se ha cerrado el círculo de la vida. Y, de alguna manera, se siente que hemos perdido algo; que esa esencia coloreada era lo que más nos cautivaba y que de la podredumbre nacía el velo de la belleza.
Al final de 'Walden', Thoreau alaba a una larva que empeña su vida en taladrar una mesa de madera de manzano, a pesar de que su libertad le cueste sesenta años. Y, se pregunta si no se restaura la fé en la inmortalidad después de esto. Su héroe, nuevamente, es el parásito.



domingo, 5 de mayo de 2013

Cine finés; más allá de Kaurismäki.

A pesar de que llevo años disfrutando intensamente de su humor y de su cine, Aki Kaurismäki es el director más conocido de Finlandia, y poco sabemos del resto del arte que se cosecha en su país natal.



Para muestra, este vídeo de la marca de diseño finlandesa Marimekko: Pohjolassa; en el norte.
La esencia del colorido Sami y el paisaje nevado de la naturaleza nórdica se concentran en sus trazos naif, estampados multicolor o en blanco y negro, diseños que no buscan la alta costura sino llegar a todos.

Centrándonos ahora en el cine, merece mucho la pena desmenuzar unas cuantas películas del cine finés más reciente; algunas encierran aspectos sociales interesantes de Finlandia, otras dibujan una estética muy nórdica, las hay que plasman el carácter finés 'de pura cepa' o todo aquello más tradicional e intrínseco a la moral luterana de Finlandia.

-Miesten Vuoro (Steam of life/ El turno de los hombres) Joonas Berghäll & Mika Hotakainen, 2010


Poco después de haber visto este documental sobre la sensibilidad y el papel social de la sauna finlandesa en la cultura, había escrito esta reseña;

'Sentado en la sauna uno se despoja de todo lo prescindible, y se habla de igual a igual. Las historias personales son contadas sin tapujos, sin filigranas. A la manera finesa. Y la otra persona escucha, se limita a asentir y a dejar el espacio suficiente para expresarse. Una pizca de ironía, drama cotidiano, malos y buenos recuerdos junto al vapor de la sauna, que para los fineses ha sido siempre un lugar de intimidad e intercambio de ideas. Se nacía y se moría en la sauna, no es un rincón cualquiera para refugiarse del frío sin más.

Los paisajes inundan la pantalla con imágenes que también guardan el carácter nostálgico de Finlandia.

Un documental dedicado a los hombres fineses y quizás más dirigido a todos aquellos que han vivido en Finlandia o conocen al menos la cultura de cerca. De todas formas, no deja de ser una introducción preciosista y honesta que podrá disfrutar cualquiera. Las tonalidades de cada plano, la forma de expresarse, el ritmo... evocan al cine de Kaurismäki, aunque sea este una hipérbole.

Y la historia más conmovedora para muchos será la última.'


-Kielletty hedelmä (Fruto prohibido) Dome Karukoski, 2009


Esta es la historia de dos adolescentes de raíces Lestadianas, secta fundamentalista luterana de carácter ultraconservador surgida en Laponia en la década de 1840 que aún cuenta con unos 100.000 adeptos en Finlandia (unos 200.000 a nivel mundial).


Este colectivo endogámico vive bajo la organización de su comunidad religiosa y se centra en la persecución del pecado; condenándose el uso de anticonceptivos, el sexo premarital o entre personas del mismo género, la toma de alcohol (paradójicamente el tabaco está permitido), el uso de maquillaje, la televisión, la música (excepto coral y clásica), el uso de tintes para el pelo y de pendientes, la toma de café...

Estas dos chicas se escapan de su comunidad para comer del árbol prohibido en Helsinki, enfrentándose al gran vacío psicológico que supone renegar de los principios en los que te educaron y del entorno en el que has vivido.


-Myehen työ (A man's work) Aleksi Salmenperä, 2007

Un personaje rudo, sin tapujos, un hombre finés que ha perdido su trabajo y se niega a confesarle a su esposa que ha dejado de ser 'el cabeza de familia' para enfrentarse al desempleo y la vergüenza.
Guiado por un amigo, empezará a trabajar en la prostitución.

De ritmo pausado y realismo abrupto, de palabras escuetas y buscando mostrar sin adornos la situación  a la que se enfrenta el protagonista... esta película encierra un pedacito de realidad finesa en cuanto a forma de contar las cosas.
A los fineses no suele gustarles la retórica, lo excesivo, teatral o melodramático; prefieren una estética más austera, unos diálogos que 'van al grano', muchas pausas y muchos silencios.


Y ahora le toca el turno a un director del que he visto tres películas distinas, de tintes más dulces, filantrópicos y optimistas que la tendencia general en la cinematografía finesa; Klaus Härö.

De orígenes sueco-fineses, hecho que estereotípicamente se relaciona con un carácter más suave y mayor inclinación hacia la filigrana artística o incluso la ternura empalagosa, ha dirigido por el momento varios documentales y cuatro películas.
Como no he visto aún una de ellas; 'Den nya människan (The new man)', 2007 sólo diré que se trata de una historia sobre la esterilización a enfermos mentales y chicas pobres en la Suecia de los años 50.

Pero las que sí he visto -y disfrutado- han sido:



-Postia pappi Jaakobille (Cartas al padre Jacob), 2009


Mi favorita.

Un pastor luterano ciego acoge a una presidiaria que ha recibido el indulto tras haber sido condenada por asesinato; la mujer va a ayudarle ahora con las labores de la parroquia, en especial con la lectura de las cartas donde los fieles le piden ayuda.

A medida que se desarrolla la trama, la estética sublime va dando paso a diferentes cuestiones morales y filosóficas sobre la naturaleza humana, los prejuicios, la bondad, el papel social de una cristiandad más humanizada...


La lectura de esas cartas se torna bastante emotiva. Habrá líneas que nos hagan reir por la ingenuidad o por el humor del escribiente, y otras nos irán desvelando el verdadero sentimiento debajo de las múltiples muñecas rusas de pensamientos que se plasman dentro de esos sobres. 'Rakas pappi Jaakob' ('querido padre Jacob') se vuelve línea introductoria para plegarias, confesiones, miedos, angustias, caligrafías agradecidas o desesperadas.


Y la verdad sobre Leila, la presidiaria que ayuda -cargada de rencor y de mala gana- al pastor también se revela. Quizás no sea lo que tú pensabas.


-Äideistä parhain (Mother of mine/Adiós mamá), 2005


Segunda Guerra Mundial. Eero, un niño finés de ocho años, es deportado a Suecia tras la muerte de su padre en combate. Más de 80.000 niños fineses como Eero buscaron protección en países neutrales y tuvieron que enfrentarse a una vida nueva, en una lengua que desconocían, y en una cultura vecina pero aún así distinta a la suya, alejados de sus familias -a las que muchos no volvieron a ver jamás-.


El papel de Finlandia durante la guerra se centró en la lucha contra la invasión soviética, ya que Rusia invadió múltiples veces sus tierras a lo largo de la historia y se presentaba ahora como un enemigo poderoso a las puertas de sus casas. La alianza con Alemania fué temporal y desesperada.

Es una película tierna, de estética sobresaliente y nuevamente, de trama esperanzadora y filántropa. Los paisajes espectaculares de la costas del sur de Suecia, en Skåne, también ayudan.


-Elina (As if I wasn't there), 2002


Como leí en algún sitio, esta película recuerda mucho a un cuento corto de los autores rusos clásicos; bien podría haber sido una novelita de Chekhov, por ejemplo.


Elina es una niña finesa que ha perdido a su padre, con quien estaba muy unida y compartía la manera de pensar, en una epidemia de tuberculosis en la Suecia de los años 50. Una vez se recupera de su propia enfermedad, vuelve a la escuela, para enfrentarse a unos profesores totalitarios y a la imposición de la lengua sueca.

Elina sigue volviendo al árbol, en mitad de la ciénaga, donde se reunía con su padre. Es así como le mantiene vivo en su memoria, mientras los demás se burlan de ella recordándole que no podrá volver a hablar con su padre nunca.

Otra película preciosista, detallista, melancólica, de buenas vibraciones, de paisajes que te envuelven. La naturaleza juega un papel muy importante en el arte finés, y también en la vida de los fineses.



martes, 30 de abril de 2013

Un tango a la independencia de Lituania.

http://www.youtube.com/watch?v=n6xAxu0ywX4





'Koridorious'. Un tango

Se bailan acordes de Astor Piazzola en el corredor, porque la independencia de Lituania es una tragedia y una celebración al mismo tiempo. Por encima de todo, es lo desconocido; ese paisaje de neblina que penetra a través de la ventana al final de la película y la prolongada espera de una nación que despide ahora al que durante cincuenta años fué su gobierno paternalista.

Y veo esta espera fútil que ansía el cambio en las similitudes físicas entre el niño rubio que quema sábanas y el joven que fuma mientras pierde la vista hacia el infinito, pensativo, al inicio de la filmación. ¿Podrían ser una misma persona? Un niño que aprenderá a esperar, ya que los años pasarán y la habitación vacía tras los brindis y el baile permanecerá vacía nuevamente, y los personajes se pasearán por el corredor buscando algo... abriendo puertas de madera, porque ninguna otra puerta encontrarán abierta.

El liderazgo soviético será continuado por unas reglas religiosas muy rígidas, y escuchamos los coros y las oraciones detrás de las paredes. Las torres industriales se tornarán campanarios. Y, tenemos un observador, como lo tuvo también Tarkovsky; es un hombre moreno que canta a través de una ventana destartalada y juega con la idea del suicidio. Porque una escopeta es buena para cantar a través de su cañón, y quién sabe, la muerte podría traer consigo el paraíso. Pero eso también es desconocido y nada pasará en esta escena tampoco.

Cine mudo que refuerza la pérdida de comunicación durante los tiempos soviéticos, y la falta de dirección personal de los personajes ahora que han sido dejados a su libre albedrío. Un pasado que se torna difuso a veces; otras es temido, otras pura nostalgia. Un pasado que envuelve la primera mitad de la película con un halo de aburrimiento profesado por la mayoría de los personajes de este corredor. Y un futuro que les fué robado a varias generaciones y está manchado, y es desconocido: el hombre que acaricia la cara de un niño, nostálgico de su propia juventud, haciendo que salga corriendo como si escapase del horror y de la muerte para dejar al hombre temblando y tapándose la cara avergonzado.

Se abre una puerta al fondo del corredor, una luz blanca sale del habitáculo. ¿Una promesa de futuro?, ¿el paraíso perdido?

El niño rubio nos enseña su montón de llaves, esperando abrir con ellas muchas puertas, pero... todo lo que hace es esconderse en una habitación oscura y beber. El alcoholismo ha sido uno de los mayores problemas sociales de los países post-soviéticos, hecho reflejado en este niño que no sabe qué otra cosa podría hacer ahora. O se ha perdido, o quiere escapar de una gris realidad. Sufrirá y tendrá que luchar para salir de su ciénaga, siendo empujado hacia el lodo por hombres que quieren sepultarle en el barro. La quema de sábanas blancas como símbolo de la inocencia perdida, el disparo a un pájaro como símbolo de la libertad robada.

Comerá también una manzana, llevándonos a una referencia bíblica sobre el paraíso y la condenación eterna.

Afuera hay hogueras para que la gente se caliente, a modo de ofrenda para purificarse a sí mismos y a una tierra que lleva décadas muerta. En la mesa donde más tarde se tumbarán los personajes, a esperar a ser devorados por los dioses, hay ahora un pastel cortado en trozos diferentes... como si quisieran simbolizar la separación de las federaciones soviéticas de Rusia. Hay varios huevos rotos y descascarados.

'No se puede hacer tortilla sin romper huevos', dijo Lenin para justificar las masacres. Y el dolor.

lunes, 29 de abril de 2013

Lugares comunes



'Me preocupa que tengan siempre presente que enseñar quiere decir mostrar. Mostrar no es adoctrinar, es dar información pero dando también, enseñando también, el método para entender, analizar, razonar y cuestionar esa información. 


Si alguno de ustedes es un deficiente mental y cree en verdades reveladas, en dogmas religiosos o en doctrinas políticas sería saludable que se dedicara predicar en un templo o desde una tribuna. 

Si por desgracia siguen en esto, traten de dejar las supersticiones en el pasillo, antes de entrar en el aula. No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, eso no sirve. Lo que se impone por la fuerza es rechazado y en poco tiempo se olvida. Ningún chico será mejor por saber de memoria el año en que nació Cervantes. Póngase como meta enseñarles a pensar, a que duden, que se hagan preguntas. No los valoren por sus respuestas. Las respuestas no son la verdad, buscan una verdad que siempre será relativa. 

Las mejores preguntas son las que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos. Muchas son ya lugares comunes, pero no pierden vigencia: qué, cómo, dónde, cuándo, por qué. Si en esto admitimos, también, eso de que "la meta es el camino", como respuesta no nos sirve. Describe la tragedia de la vida, pero no la explica. Hay una misión o un mandato que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado, pero que yo espero de ustedes, como maestros, se la impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin piedad. Sin límites.'




Algunos son partidarios de un cine que rompe radicalmente con la literatura, con el teatro, con el resto de las artes plásticas, y se impone como revelador de la realidad de una forma diferente y única. Sin embargo, estractos de celuloide, como este diálogo de 'Lugares comunes' (Adolfo Aristarain, Argentina, 2002) son pequeñas joyas a apuntar en alguna de esas libretas que siempre nos proponemos hojear en los malos ratos. Un material de recapacitación, plastilina para modelar pensando. 

Raras veces lo hacemos.

'El despertar de la lucidez puede no suceder nunca pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo. Y cuando llega, se queda para siempre. Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se quiera aceptar, que la vida nace con la muerte adosada; que la vida y la muerte no son consecutivas, sino simultaneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia...'


A apuntar en la libreta también el nombre de Aristarain, para seguir viendo su cine, que promete y mucho... y que con 'Lugares comunes' me dejó, como se dice, con el corazón en un puño. Lucidez es lo que despierta este hombre, y es desde luego un equilibrista de las emociones y sentimentalismos. 

El sistema educativo actual, y me temo que el de todos los tiempos pasados, lleva años dándome quebraderos de cabeza. Ese interés por el adoctrinamiento, por la memorización de conceptos vacíos, por un ejercicio mental que más conlleva de repetición que de entendimiento... toda esa ideología que me saca de quicio. Como dijo el escritor americano Chuck Palahniuk (conocido por 'El club de la lucha', sobre todo); 'La educación le enseñará a mi hijo a ser un buen empleado, pero jamás a dirigir su propio negocio'.
A pesar de haber navegado más o menos en las aguas de lo que llaman 'educación superior', hasta llegar por fín a la licenciatura, confieso que no estoy de acuerdo con estos métodos. Que poco, muy poco, he aprendido estudiando para los exámenes y centrándome en el tipo de preguntas y de valoraciones que los profesores me inculcaban. La educación universitaria, que siempre había idealizado, se tornó en una serie encadenada de obstáculos teóricos, de requisitos burocráticos, que fuí saltando hasta conseguir un trozo de papel que dice que soy médico. Pero realmente, ¿qué he aprendido en las aulas?, ¿qué me llevo de estos largos años de trabajo duro?

Dicen que durante la residencia (el famoso MIR), se estudia más y mejor que en todo el resto de los años académicos. Quizás sea el hecho de encontrar por fín una aplicación, una realidad, a lo que hacemos. El saber que tu estudio diario ayuda realmente al paciente, el cribar de una vez por todas esa inmensa cantidad de información inútil que tanto recalcamos para exámenes tipo test y otros obstáculos. Y quedarnos con lo que de verdad nos ayuda a comprender las cosas, lo que nos hace pensar, lo que al paciente -en definitiva- le importa.

El cine nos ha vuelto a demostrar a los pesimistas e incrédulos, que los humanos tenemos un potencial infinito para lo bueno y para la belleza, no solamente para todo aquello que despierta rechazo y que nos afanamos en identificar como 'naturaleza humana'. Pero yo pienso que no es real, somos un potencial, hacia cualquier polo del espectro de lo malo y de lo bueno. Y en estos últimos años he descubierto muchas mentes que nos deleitan con un trocito de genio, y que comparten sus ideas a través del cine. 

Esas memorias plasmadas y esas series de pensamientos evocan a su vez otros nuevos. Hay miles de películas capaces de cambiar tu día, incluso de cambiar tu forma de ver las cosas. Muchos se han cuestionado su manera de vivir tras una novela, tras una película. Esa fuerza creativa también es creadora, y los recuerdos además, van ligados muchas veces al momento en que escuchamos esta o aquella canción, a la noche en la que vimos esta o aquella película con cierta persona, a aquel párrafo de la novela que releímos hasta la saciedad.

Mi viaje a Frankfurt empezó con unas memorias sobre la infancia del director Manuel de Oliveira. 'Porto da minha infância'; una colección de imágenes mentales y de sensaciones de aquellos años de su vida, que yo veía sentada junto a las puertas de embarque, mientras una niña le decía a su hermano que hay que tener siete años para poder sentarse junto a la ventanilla. Y que esa es una regla inamovible de la historia.

Qué interesante ver qué significó el cine, como empezó todo, para los grandes directores de los que tanto absorbemos película tras película. Hace poco que ví también 'La morte rouge (Soliloquio)' de Víctor Erice, y me conmovió pasearme por sus memorias sobre 'La garra escarlata'... que fué la primera película en grabarse en su memoria.

De Haneke, por ejemplo, he aprendido el análisis minucioso de una situación, el uso de ese 'bisturí de Haneke' que dicen muchos de sus seguidores, para seccionar con cuidado el cadáver de una época histórica o de una situación personal. Su cine, que siempre supone al espectador como ser pensante e inteligente capaz de decidir por sí mismo qué es qué y en qué evolucionará ese análisis, es un arma potente de reflexión. 'La cinta blanca' por ejemplo, es una autopsia sobre la sociedad alemana antes de la I guerra mundial, una disección de la represión y crueldad de una Alemania que dió lugar a un caldo de cultivo para el horror en décadas venideras. El drama personal de 'La pianista' fué también una historia de impacto a la hora de entender los motivos de una persona para desarrollar ciertas tendencias sexuales y comportamientos auto-agresivos que encuentran placer en la denigración de uno mismo. Y 'El séptimo continente', crítica sangrante del capitalismo y de la desesperación de lo cotidiano. Y 'Caché' o 'Código desconocido', ambas centradas en la realidad de la inmigración. Y tantas otras piezas por descubrir y por analizar, salidas de la mente de este austríaco, con su estilo austero y su pensamiento frondoso.

martes, 16 de abril de 2013

Inyección de lusofilia.



'O cinema só trata daquilo que existe, não daquilo que poderia existir. Mesmo quando mostra fantasia, o cinema agarra-se a coisas concretas. O realizador não é criador, é criatura'.

-Manoel de Oliveira.


104 años de edad y más de 40 películas en su filmografía, no le impiden al director portugués seguir deleitándonos con obras maestras de calado psicológico y descarga intelectual.
Ahora mismo graba en Brasil 'A igreja do diabo', película de la que a penas he leído que tratará sobre un estudiante alojado en la casa de un hombre infiel, hecho conocido por su propia esposa. En 2012 grabó en Francia 'Gebo et l'ombre (Gebo e a sombra)', ambientada en el siglo XIX, y centrada en la historia de un patriarca pobre que ofrece protección a un hijo fugitivo. El año pasado colaboró también, junto con Víctor Erice y Aki Kaurismäki, en el largometraje de historias cortas como tributo a Guimarães (ciudad del norte de Portugal.)

Hace poco que descubrí dos de sus grandes obras: 'A divina comedia' y 'Vale Abraão'. Ambas son películas eminentemente visuales y que han tomado mucho del teatro. La primera nos cuenta la historia de una 'Casa de alienados', o antiguo hospital psiquiátrico, donde los diferentes personajes encarnan grandes figuras de la literatura (Raskolnikov y Sonya, Ivan y Alyosha Karamazov, Nietzche) y de la Biblia (Lázaro, Jesucristo, Santa Teresa, Adán y Eva...) además de la figura del profeta de la 'salvación del mundo' y del filósofo-anticristo.

'Vale Abraão', película exquisita en el sentido más honesto de la palabra, indaga sobre la imposibilidad de una felicidad completa en el ámbito sexual o romántico del ser humano. Muchos la han descrito como 'fresco en movimiento', por la gran belleza de sus paisajes (ambientada en el valle del Duero), músicas, decorados, palabras. Es una película que deja huella: poética, intemporal, barroca, minimalsta. Nos deja entrever una crítica social a una burguesía estancada y reacia al idealismo, así como la influencia de la tradición y el catolicismo en los prejuicios de los personajes que rodean a la protagonista. 

lunes, 15 de abril de 2013

La inspiración de escuchar.

Hace tiempo tropecé con la película del director tailandés Apichatpong Weerasethakul que da nombre a este blog. Entre los múltiples temas que se desmenuzan en la trama, aparecían la relación médico-paciente y la contraposición entre la cercanía de la consulta rural y la esterilización emocional de los grandes hospitales. Este cine innovador y preciosista, de humor irónico y raíces budistas me hizo pensar en volver a escribir. Realmente, la medicina es una fuente constante de inspiración para todo aquel que se interese por la naturaleza humana.
El director tailandés Apichatpong Weerasethakul.



Otras piezas interesantes del séptimo arte, que analizan aspectos del mundo de la medicina y me han hecho redescubrir este potencial expresivo que se vive en frente de un paciente -o como paciente uno mismo- han sido, muy especialmente:



-'Ikiru (Vivir)', 1952, Akira Kurosawa, Japón.


Inolvidable, conmovedora, obra maestra del cine de todos los tiempos. Siempre recordaré a Watanabe, protagonista de esta historia sobre el sentido de la vida en las pequeñas cosas, sentado en un columpio bajo la lluvia. Una vida gris, monótona y entumecida como oficinista se torna en un redescubrimiento de los placeres cotidianos. Tras el diagnóstico de un cáncer terminal de estómago, Watanabe decide VIVIR y VIVE durante los últimos meses que le quedan de existencia.

Pienso que esta película ha podido ayudar incluso a muchos enfermos en situaciones similares, especialmente al tratar sobre una patología que azotó a los países asiáticos en tal proporción.

'Llevo treinta años sin contemplar una puesta de sol'.



-'Les invasions barbares', 2003, Denys Arcand, Canadá.

Denys Arcand.

Un guión simplemente brillante, inteligente, cultivadísimo, divertido, emotivo, energético. Esta es la historia de un vividor, un hombre que en contraposición a Watanabe, no se ha privado de nada y teme ahora su inminente muerte. Gravemente enfermo de un cáncer terminal, reflexiona sobre su vida y sobre la situación mundial con una lucidez que aplasta.



-'Smultronstället (Fresas salvajes)', 1957, Ingmar Bergman, Suecia.



Una de las obras maestras de uno de mis directores favoritos. El doctor Borg, que ha conseguido todos los éxitos posibles como médico y tiene el reconocimiento de sus pacientes y colegas, reflexiona sobre su vida personal a través de un viaje para asistir a un homenaje en su universidad. El sabor de las fresas salvajes en la casa de su infancia, los exámenes de medicina frente al microscopio, los tenebrosos sueños donde contempla su propio cadáver... y, esa sensación de vacío. Todo eso le hará reflexionar sobre lo vivido.

'El séptimo sello' es otra gran obra de Bergman sobre la vida y la muerte, sin duda.



-'Mia aioniotita kai mia mera (La eternidad y un día)', 1998, Theodoros Angelopoulos, Grecia.



Un escritor que compra palabras olvidadas para escribir con ellas poemas es el personaje principal de este paseo por los últimos días de vida de una persona enferma. Este poeta, de nombre Alexander, se enfrenta ahora al reto de comprender a sus seres queridos antes de morir. A través de las cartas de su fallecida esposa, intenta descifrar los pensamientos de esta y de su hija.

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Y otras películas, que aunque no han tenido tanto calado para mí, creo transmiten ideas muy interesantes sobre temas médicos son:



-'The Fountain', 2006, Darren Aronofsky, EE.UU.

Un médico y un conquistador español en Sudamérica pelean por la consecución de la inmortalidad.


-'Biutiful', Alejandro González Iñárritu, 2010, México.

Últimos días de un hombre gravemente enfermo, encierra también una crítica social bastante conmovedora.


-'Hævnen (Civilization) (In a Better World)', 2010, Susane Bier, Dinamarca.

Película que transmite la sensación de pérdida y caos personal con fuerza desgarradora, a través de varias historias que se entrecruzan. Entre ellas la de un niño que ha perdido a su madre recientemente y busca redención y revancha, y la de un matrimonio de médicos daneses en trámites de separación.


-'Wit (Amar la vida)', 2001, Mike Nichols, EE.UU.

IMPRESCINDIBLE película para médicos y profesionales sanitarios de todo tipo. El viaje hacia la muerte de una paciente terminal y todo los errores de comunicación y calidad humana que se cometen en los hospitales con frecuencia. Es de un realismo brutal, crítica y honesta. Es un reflejo del día a día al que nos enfrentaremos muchos y se expone a veces en seminarios de comunicación médica.


-'Mi vida sin mí', 2003, Isabel Coixet, España.

Película nostálgica y lírica sobre el cambio en la vida de una chica con un una lista de 'cosas que hacer antes de morir'.


-'50/50', 2011, Jonathan Levine, EEUU.

Cine indie sin gran filigrana artística, si bien encierra un mensaje muy positivo sobre todo para gente joven que se está enfrentando a tumores. La relación médico-paciente es sincera y realista, mostrándonos los puntos flojos que se ven con frecuencia en las consultas.


-'Y tu mamá también', 2001, Alfonso Cuarón, México.

Oda a la vida. Película de tintes eróticos y diálogos simplistas que encierra sin embargo, una fuerza bastante positiva y un sentimentalismo sincero, sin tapujos.



Un agradecimiento de corazón a mis pacientes, por lo que he aprendido de ellos siendo estudiante, y por ser motivación constante para seguir en este camino para ser médico. He visto protestas abusivas, descaros y prejuicios en las consultas, tanto en la dirección paciente-médico como en sentido inverso, pero la mayoría ha sido bueno. Realmente es muy reconfortante trabajar con personas, sentarse sin tapujos a escuchar sus opiniones y sus miedos, e intentar ayudarles a sentirse mejor. No siempre podemos curar, y eso es un dolor muy grande para todos los que nos dedicamos a esto, pero siempre siempre podemos cuidar de un enfermo. Seamos humanos antes que médicos.

En unos días elegiré especialidad y hospital donde realizar la residencia MIR, y estoy segura de que seguiré aprendiendo mucho de los pacientes y de los médicos que de ahora en adelante van a cruzarse en mi camino.