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sábado, 10 de agosto de 2013

Una postal desde Tailandia.



-'A mis pacientes de urgencias me gusta imaginármelos felices, en una barbacoa'; le dice un residente a otro esta mañana. Entre historias clínicas, papeles de ingreso, solicitudes de pruebas diagnósticas -entre todo eso surgen huecos para sincerarse unos con otros, para compartir miedos-.
 
Mientras tanto, mi compañera buscaba desesperadamente a sus pacientes de la anterior guardia en la historia clínica electrónica. Y yo me sentía identificada.
Pero el toque de realismo mágico -o esperanza ciega- me cogió en un momento de ternura: yo también me imagino a mis pacientes haciendo lo que les gusta, cumpliendo sueños, saltando barreras.
 
Por eso volví a pensar en Gonzalo, y esta vez le ví navegando por el Mekong, estudiando la flora y la fauna tailandesa con esa sonrisa y ese buen humor que tenía cuando nos conocimos en el hospital. Gonzalo tiene un poco más de sesenta años y es biólogo. Cuando pasaba visita por las mañanas, me lo encontraba leyendo la 'Muy Interesante' o 'Los pilares de la tierra', y me contaba alguna noticia o cómo iba la cosa en ese capítulo que leía. También me dijo que no quería saber nada sobre su enfermedad, que le habían comentado que encontraron algo en el pulmón y en el cerebro, y que él iba a limitarse a acatar las decisiones que tomásemos los médicos.
 
Entonces, mi adjunto me comentó que Gonzalo tenía organizado un viaje a Tailandia este verano y que no sabía si decirle que lo anulase o que se fuera. La verdad es que no sé por qué quiso consultármelo; tal vez sea una de esas tareas que la gente piensa que debe encomendarse a un psiquiatra. Yo dí mi opinión, sin más: lo mejor sería que disfrutase de ese viaje, y para intentar que todo sea lo más seguro posible, habría que darle sesiones de radioterapia y dexametasona antes de marchar.
 
A los pocos días se fue de alta, con consulta ambulatoria para seguir sus terapias. Los médicos dijeron que las metástasis, al haber afectado al lóbulo parietal y temporal, le habían producido esa belle indifference con la que hablaba sobre su enfermedad. Nunca llegué a saber si eso era real, pero en todo caso, el hecho de negarse a recibir una verdad que sospechaba brutal, demuestra mucha conciencia de realidad. Mucha humanidad.
 
Espero que viaje, siempre es una catarsis. Siempre es inolvidable. De esta vida nos llevamos momentos fugaces, memorias de paisajes, ideas, conversaciones.
Que tus pasos se entremezclen con la multitud en algún recodo tailandés. Que seas tan feliz como te imagino y que este viaje deje en ti la huella que tú dejas incluso en personas como yo, que te han conocido de forma tan fugaz. ¡Gracias!
 
 

domingo, 5 de mayo de 2013

Cine finés; más allá de Kaurismäki.

A pesar de que llevo años disfrutando intensamente de su humor y de su cine, Aki Kaurismäki es el director más conocido de Finlandia, y poco sabemos del resto del arte que se cosecha en su país natal.



Para muestra, este vídeo de la marca de diseño finlandesa Marimekko: Pohjolassa; en el norte.
La esencia del colorido Sami y el paisaje nevado de la naturaleza nórdica se concentran en sus trazos naif, estampados multicolor o en blanco y negro, diseños que no buscan la alta costura sino llegar a todos.

Centrándonos ahora en el cine, merece mucho la pena desmenuzar unas cuantas películas del cine finés más reciente; algunas encierran aspectos sociales interesantes de Finlandia, otras dibujan una estética muy nórdica, las hay que plasman el carácter finés 'de pura cepa' o todo aquello más tradicional e intrínseco a la moral luterana de Finlandia.

-Miesten Vuoro (Steam of life/ El turno de los hombres) Joonas Berghäll & Mika Hotakainen, 2010


Poco después de haber visto este documental sobre la sensibilidad y el papel social de la sauna finlandesa en la cultura, había escrito esta reseña;

'Sentado en la sauna uno se despoja de todo lo prescindible, y se habla de igual a igual. Las historias personales son contadas sin tapujos, sin filigranas. A la manera finesa. Y la otra persona escucha, se limita a asentir y a dejar el espacio suficiente para expresarse. Una pizca de ironía, drama cotidiano, malos y buenos recuerdos junto al vapor de la sauna, que para los fineses ha sido siempre un lugar de intimidad e intercambio de ideas. Se nacía y se moría en la sauna, no es un rincón cualquiera para refugiarse del frío sin más.

Los paisajes inundan la pantalla con imágenes que también guardan el carácter nostálgico de Finlandia.

Un documental dedicado a los hombres fineses y quizás más dirigido a todos aquellos que han vivido en Finlandia o conocen al menos la cultura de cerca. De todas formas, no deja de ser una introducción preciosista y honesta que podrá disfrutar cualquiera. Las tonalidades de cada plano, la forma de expresarse, el ritmo... evocan al cine de Kaurismäki, aunque sea este una hipérbole.

Y la historia más conmovedora para muchos será la última.'


-Kielletty hedelmä (Fruto prohibido) Dome Karukoski, 2009


Esta es la historia de dos adolescentes de raíces Lestadianas, secta fundamentalista luterana de carácter ultraconservador surgida en Laponia en la década de 1840 que aún cuenta con unos 100.000 adeptos en Finlandia (unos 200.000 a nivel mundial).


Este colectivo endogámico vive bajo la organización de su comunidad religiosa y se centra en la persecución del pecado; condenándose el uso de anticonceptivos, el sexo premarital o entre personas del mismo género, la toma de alcohol (paradójicamente el tabaco está permitido), el uso de maquillaje, la televisión, la música (excepto coral y clásica), el uso de tintes para el pelo y de pendientes, la toma de café...

Estas dos chicas se escapan de su comunidad para comer del árbol prohibido en Helsinki, enfrentándose al gran vacío psicológico que supone renegar de los principios en los que te educaron y del entorno en el que has vivido.


-Myehen työ (A man's work) Aleksi Salmenperä, 2007

Un personaje rudo, sin tapujos, un hombre finés que ha perdido su trabajo y se niega a confesarle a su esposa que ha dejado de ser 'el cabeza de familia' para enfrentarse al desempleo y la vergüenza.
Guiado por un amigo, empezará a trabajar en la prostitución.

De ritmo pausado y realismo abrupto, de palabras escuetas y buscando mostrar sin adornos la situación  a la que se enfrenta el protagonista... esta película encierra un pedacito de realidad finesa en cuanto a forma de contar las cosas.
A los fineses no suele gustarles la retórica, lo excesivo, teatral o melodramático; prefieren una estética más austera, unos diálogos que 'van al grano', muchas pausas y muchos silencios.


Y ahora le toca el turno a un director del que he visto tres películas distinas, de tintes más dulces, filantrópicos y optimistas que la tendencia general en la cinematografía finesa; Klaus Härö.

De orígenes sueco-fineses, hecho que estereotípicamente se relaciona con un carácter más suave y mayor inclinación hacia la filigrana artística o incluso la ternura empalagosa, ha dirigido por el momento varios documentales y cuatro películas.
Como no he visto aún una de ellas; 'Den nya människan (The new man)', 2007 sólo diré que se trata de una historia sobre la esterilización a enfermos mentales y chicas pobres en la Suecia de los años 50.

Pero las que sí he visto -y disfrutado- han sido:



-Postia pappi Jaakobille (Cartas al padre Jacob), 2009


Mi favorita.

Un pastor luterano ciego acoge a una presidiaria que ha recibido el indulto tras haber sido condenada por asesinato; la mujer va a ayudarle ahora con las labores de la parroquia, en especial con la lectura de las cartas donde los fieles le piden ayuda.

A medida que se desarrolla la trama, la estética sublime va dando paso a diferentes cuestiones morales y filosóficas sobre la naturaleza humana, los prejuicios, la bondad, el papel social de una cristiandad más humanizada...


La lectura de esas cartas se torna bastante emotiva. Habrá líneas que nos hagan reir por la ingenuidad o por el humor del escribiente, y otras nos irán desvelando el verdadero sentimiento debajo de las múltiples muñecas rusas de pensamientos que se plasman dentro de esos sobres. 'Rakas pappi Jaakob' ('querido padre Jacob') se vuelve línea introductoria para plegarias, confesiones, miedos, angustias, caligrafías agradecidas o desesperadas.


Y la verdad sobre Leila, la presidiaria que ayuda -cargada de rencor y de mala gana- al pastor también se revela. Quizás no sea lo que tú pensabas.


-Äideistä parhain (Mother of mine/Adiós mamá), 2005


Segunda Guerra Mundial. Eero, un niño finés de ocho años, es deportado a Suecia tras la muerte de su padre en combate. Más de 80.000 niños fineses como Eero buscaron protección en países neutrales y tuvieron que enfrentarse a una vida nueva, en una lengua que desconocían, y en una cultura vecina pero aún así distinta a la suya, alejados de sus familias -a las que muchos no volvieron a ver jamás-.


El papel de Finlandia durante la guerra se centró en la lucha contra la invasión soviética, ya que Rusia invadió múltiples veces sus tierras a lo largo de la historia y se presentaba ahora como un enemigo poderoso a las puertas de sus casas. La alianza con Alemania fué temporal y desesperada.

Es una película tierna, de estética sobresaliente y nuevamente, de trama esperanzadora y filántropa. Los paisajes espectaculares de la costas del sur de Suecia, en Skåne, también ayudan.


-Elina (As if I wasn't there), 2002


Como leí en algún sitio, esta película recuerda mucho a un cuento corto de los autores rusos clásicos; bien podría haber sido una novelita de Chekhov, por ejemplo.


Elina es una niña finesa que ha perdido a su padre, con quien estaba muy unida y compartía la manera de pensar, en una epidemia de tuberculosis en la Suecia de los años 50. Una vez se recupera de su propia enfermedad, vuelve a la escuela, para enfrentarse a unos profesores totalitarios y a la imposición de la lengua sueca.

Elina sigue volviendo al árbol, en mitad de la ciénaga, donde se reunía con su padre. Es así como le mantiene vivo en su memoria, mientras los demás se burlan de ella recordándole que no podrá volver a hablar con su padre nunca.

Otra película preciosista, detallista, melancólica, de buenas vibraciones, de paisajes que te envuelven. La naturaleza juega un papel muy importante en el arte finés, y también en la vida de los fineses.



sábado, 4 de mayo de 2013

Herba de namorar



'Tríptico elemental de España', de José Val del Omar... eso era lo que yo tenía en mente durante mi minitour por Galicia de hace unos días. La trilogía de cine experimental de este director granadino, obra que inició en los años 50 y se terminó póstumamente a su muerte en los 80, traza diametralmente una línea occidente-oriente español desde Galicia hasta Andalucía.

Y es ese 'Acariño galaico (de barro)' con el que me identifico; transmite esa nostalgia, esa 'morriña' como llaman los gallegos, de una tierra bañada por la neblina y por la lluvia. El paisaje abrupto de las costas atlánticas, los acantilados, las mareas que azotan con fuerza, 'o vento que te leva', el olor a barro y a costa, el verde que rodea a las casitas de piedra.

Los dos capítulos siguientes: 'Fuego en Castilla' y 'Aguaespejo granadino' encierran para mí el encanto de lo exótico, de lo desconocido. Es un sentimiento distinto; no es mejor, no es peor; pero no es tan emotivo.

Mi viaje tuvo tres paradas principales; Cedeira, Santo André de Teixido y Estaca de Bares.

El primer destino es un pueblecito marinero con playas aparentemente tranquilas y un paseo marítimo rodeado de blancos ventanales y casas de los antiguos 'indianos' (emigrantes en el Caribe y América del sur que regresaban luego a España y construían grandes mansiones al estilo colonial.) Es un lugar bastante turístico y de veraneo, donde lo mejor sin duda fueron las vistas de la costa desde arriba, en lo alto de la carretera.

Santo André de Teixido, conocido por las peregrinaciones, es un sitio que realmente me impactó por lo recóndito y por lo místico de un pueblecito enterrado bajo unos montes abruptos, rodeado de acantilados.
Hay múltiples leyendas que envuelven a la historia del lugar, quizás la más conocida sea la que cuenta como los restos de uno de los doce apóstoles aparecieron en las costas de Teixido, después de que su barca naufragase y quedase convertida en un peñasco que hoy se conoce como 'A barca de San Andrés.' 
Dios compensó a este pobre santo prometiéndole una peregrinación masiva al lugar de su desgracia -'A Santo André de Teixido, vai de morto quen non foi de vivo'- por la cual todos los mortales tenemos que visitar el pueblo, hasta el fín del mundo. 
He leído otras versiones que cuentan que el apóstol estaba celoso del liderazgo de las peregrinaciones religiosas a Santiago de Compostela, de lo cual se quejó muy tristemente al Todopoderoso, y sus súplicas fueron correspondidas. Dios le prometió una romería en su nombre y todo quien no visite Santo André de Teixido en vida, vagará como alma en pena en este pueblo de Galicia.
Algunos lugareños te recordarán que tengas cuidado al andar, que no pises a ningún insecto pues bien podrían ser esas almas reencarnadas e incapaces de abandonar la Tierra por no haber peregrinado en su día.

Esta mezcla de paganismo y cristiandad me resulta de lo más interesante, y desde luego es un sitio para visitar y para empaparse de este halo mitológico que lo rodea todo. Es mejor no ir en verano, he oído que la afluencia de visitantes es descomunal, pero el resto del año -aunque sigue habiendo turistas-, podrás moverte a tus anchas.

Como siempre me gustan las leyendas y creencias populares de todos tipos y colores, he estado leyendo algunas otras y he entendido un par de ofrendas que me propusieron las gentes de Teixido durante mi visita. Sobra decir que no creo en ninguna, es sólo cuestión de curiosidad, y además las encuentro bastante divertidas:

-Sanandresiños:
Como ofrenda, se hacen figuras de miga de pan en diferentes formas según el tipo de plegaria. Si lo que quieres es trabajo, harás un pez de miga; si necesitas protección en los viajes o en los negocios, harás una barca; los sanandresiños en forma de mano piden por el amor y la amistad; la figura del santo pide por tu buena salud, etc.

-La fuente de los tres caños:
A esta fuente se va a pedir deseos a San Andrés. Luego beberás del caño y, para saber si el santo va a responder o no a tus plegarias, tiras una miga de pan para ver si flota (señal de que el santo te ha oído) o se hunde (tus deseos no van a cumplirse.)

-La hierba de enamorar:
El nombre científico es Armeria pubigera, crece en Teixido y es buena para curar el mal de amor. Nos ofrecieron una de estas flores para que pidiese un deseo y luego la plantase, haciéndole incapié en que es muy buena para ese tipo de problemas.


-El ramo:
Es una rama de avellano con ramas de tejo atadas a él, y con 'herbas de namorar' también. Una especie de ofrenda ritual.

-Llevar el alma del difunto a Teixido:
Para ayudar a un muerto a dejar de vagar en pena por este pueblo, puedes ir a su tumba antes de tu viaje y pedirle que te acompañe hasta San Andrés. Una vez allí, visitará el pueblo contigo y podrá dejar atrás esa maldición para irse al cielo.


Desde el pueblo se puede conducir también hasta lo alto de los acantilados, zona de vientos muy fuertes donde han instalado muchos molinos eólicos y existe una cabaña donde refugiarse y observar el paisaje.

Ya para ponerle fín a mi viaje, parada en el punto más al norte de España; Estaca de Bares.
Un pueblecito marinero cuyo puerto está lleno de turistas degustando mariscos de la ría y bebiendo vino Ribeiro. La estrella es siempre el pulpo 'a la gallega' (pulpo cocido con pimentón) aunque también el pulpo a la plancha con almejas y gambas. Los chipirones, calamares, las cigalas, langostas, vieiras... son también platos típicos de esa 'comida alienígena' con tentáculos que sorprende a muchos extranjeros al principio.

Las casas -prácticamente todas pintadas de blanco- convierten al pueblo en un lugar muy atmosférico y acogedor, con encanto propio. La playa parece muy tranquila y limpia, el oleaje es suave y el paseo marítimo es muy agradable.


lunes, 29 de abril de 2013

FRANKFURT


Ich liebe Deutschland.

Y es que todas las experiencias que he tenido hasta la fecha en Alemania han sido buenas. Pienso de verdad que el país está un poco infravalorado como destino turístico en España; ese estereotipo de frialdad estética, ambiente gris y cierta falta de vivacidad no es real. Frankfurt, por ejemplo, es una explosión de multiculturalidad con el raro encanto de las grandes metrópolis noreuropeas. Se respira un ambiente de calma en barrios que rodean al centro neurálgico de la ciudad y se amurallan de rascacielos y templos de la economía; la gente va en bici a hacer la compra, hay pequeñas tiendas de materiales de costura y repostería en cada esquina, abundan las cafeterías acogedoras donde hacer un parón para tomar té y tarta.

En este contexto de emigración masiva, crisis económica y liderazgo germánico en la Unión Europea es lógico que surjan reticencias hacia un país que se muestra además como potencia industrial, pragmática y cúspide de la eficiencia. Sin embargo, al menos como turista, Alemania siempre me ha dejado buen sabor de  boca. Aunque aún tengo que explorar Berlín a fondo, me pareció una ciudad interesantísima y llena de cultura moderna e histórica. Mi paso por Hamburgo fué también una explosión de vida parecida a Frankfurt: es una mole, una ciudad plagada de hombres de negocios trajeados junto a ciclistas con chubasqueros de colores que se paran en los puestos de frutas y en las múltiples tiendas de segunda mano o de productos ecológicos que encontrarás en cada esquina. Bremen, por su parte, es un rinconcito con encanto donde la arquitectura gótica se lleva la palma. Sorprende también el mundo rural alemán, con su apariencia ultraorganizada y sus casas con tejado de piedra.

Mi idea personal es que las capitales y grandes ciudades del sur son a primer golpe de vista, más llamativas. Son ciudades para visitar. Madrid, Barcelona, París, Roma... todas te envuelven en una especie de torbellino   de sensaciones, de colores más vivos, de intensidad. No obstante se me antojan caóticas para la vida diaria, mientras que las metrópolis del norte son más habitables, ordenadas, tranquilas.
Incluso Londres, donde siempre me he sentido en medio del centro del universo, me resulta más manejable que las grandes ciudades españolas o italianas. Quizás sea la influencia del clima, del carácter latino... no sabría descifrarlo con precisión.

Volviendo a Frankfurt; no creo que mucha gente se plantee unas vacaciones en esta ciudad, es sobre todo un destino para los negocios y un intercambiador de vuelos llegados de todos sitios. Mi viaje a Frankfurt surgió a raíz de un vuelo barato, como otros tantos que se ofertan tanto al aeropuerto de Hahn (Ryanair) como al aeropuerto internacional (sobre todo, Lufthansa) ya que hay unos 260 destinos directos y el tráfico de pasajeros se sitúa cada año en el top 3 europeo, junto a Heathrow y Charles de Gaulle.
Al principio pensé en desviar mi trayectoria para visitar Heidelberg o Colonia (de las dos se dice que son muy bonitas) y Frankfurt me lo imaginaba como unas vacaciones de poco interés y más bien lúgubres. Los buenos precios de los hostales y la fácil conexión en autobús desde Hahn, acabaron por llevarme hacia el Meno 4 noches, de todos modos. Y la verdad es que no me arrepiento.

¿Qué hacer en Frankfurt?
Hay varias atracciones turísticas de todos tipos, si es que lo tuyo son los museos y los edificios emblemáticos. Yo me acabé decantando por visitar la casa de Goethe y el museo arqueológico, pero hay también una buena galería de arte (galería Städel), además de museos de arte moderno, arquitectura, cine, artes aplicadas, iconos...

En este cuarto se escribió 'Die Leiden des jungen Werthers' y en esta casa, situada en el casco histórico de Frankfurt, vivió Goethe durante casi cincuenta años.


Me pasé también por la bolsa, con su estatua del toro y el oso, símbolo de la caída y la bajada de los mercados. Se pueden visitar además varias iglesias y edificios de la Unión Europea.

La oferta de restaurantes étnicos es también muy amplia, además de la propia oferta alemana con las cervecerías y restaurantes de comida típica (para amantes de la carne es ideal y la 'Paulaner dom' es un buen sitio para tomarse una pinta a buen precio). Si te gusta la comida india, especialmente, en Frankfurt tienes gran cantidad de sitios de calidad con sólo darte una vuelta por la zona de Sachsenhausen (al norte del río Meno), y una opción recomendable es 'Bombay Palace' donde el Korma de pollo estaba muy rico. De todas formas, me he cruzado con restaurantes persas, tailandeses, japoneses, chinos, italianos, españoles, libaneses... en fín, hay para todos los gustos. Y luego está la repostería alemana (hay pastelerías y panaderías en todas las esquinas). Recomendables las 'berlinesas', los 'pretzels' y varios tipos de pan con queso fundido.

Las compras atraerán también a mucha gente; la calle Zeil alberga galerías comerciales de todo tipo y los precios en Alemania no son tan diferentes a los de España. Recomendables las vistas (¡gratis!) desde lo más alto de esta galería comercial; la fusión de los edificios religiosos reconstruídos y del casco histórico (Römer) con los grandes rascacielos y bancos es impresionante. Frankfurt es una ciudad eminentemente funcional, pero que alberga muchos recovecos bonitos y sobre todo atmosféricos.

Somos unos afortunados. Vivimos en una época donde las distancias son tan cortas que surcamos los aires en unas horas y aventuras como perderse en una ciudad nueva o descubrir otra cultura están al alcance de mucha más gente que en épocas pasadas. Viajar ha perdido ese sentido de 'hazaña' que supongo encerraría para los antiguos, ya que llegar a destino en cualquier rincón de Europa -y un poco más fuera del continente, pero no tanto- es cuestión de un ratito. Alguien me dijo que le había perdido el miedo a la incertidumbre al haberse despertado en su casa esa mañana y haber dormido en Bangkok ese mismo día, que de repente se había dado cuenta de que todo es posible y que precisamente en este mundo en el que vivimos, las posibilidades son inmensas y lo impensable es ya cierto.

Como nos decía Werther en una de sus cartas sobre la vida: " Las flores de la vida no son sino vanas vivencias. ¡Cuántas se marchitan sin dejar el más mínimo rastro! ¡Cuán pocas fructifican y qué pocas de estas frutas llegan a madurar! Y sin embargo,[...] ¿podemos no hacer caso de los frutos maduros, despreciarlos y dejarlos pudrir sin disfrutarlos?"

Cuanto más estáticos nos volvemos, cuanto más nos abandonamos a la rutina y a lo mundano de cada día, más nos cuesta cruzar fronteras. Las fronteras que sean, mentales o geográficas, se tornan dificilísimas y queremos quedarnos estancados en lo conocido una vez más. Sin embargo, una vez pones pié en carretera, quieres más y... redescubres que esos frutos de la vida sobre los que Werther filosofaba, son los que realmente nos llenan la mente de imágenes, anécdotas, vivencias. Y que no hay nada, absolutamente nada, comparable a recolectarlas.


lunes, 22 de abril de 2013

El valor para marcharse, el miedo a llegar...


Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an offhand way
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way

Tired of lying in the sunshine
Staying home to watch the rain
And you are young and life is long
And there is time to kill today
And then one day you find
Ten years have got behind you
No one told you when to run
You missed the starting gun

And you run, and you run to catch up with the sun, but it's sinking
Racing around to come up behind you again
The sun is the same in a relative way, but you're older
Shorter of breath and one day closer to death

Every year is getting shorter
Never seem to find the time
Plans that either come to nought
Or half a page of scribbled lines
Hanging on in quiet desparation is the English way
The time is gone
The song is over
Thought I'd something more to say

Home, home again
I like to be here when I can
When I come home cold and tired
It's good to warm my bones beside the fire
Far away across the field
The tolling of the iron bell
Calls the faithful to their knees
To hear the softly spoken magic spells.


Time.
[Pink Floyd]





En estos tiempos de vuelta a la emigración para muchos españoles, quedarse en casa es un privilegio. La familiaridad del lugar donde creciste y has vivido siempre, las facilidades logísticas, la gente que quieres... todas son cosas muy a tener en cuenta a la hora de hacer o deshacer las maletas. Algunos dicen que 'la tierra tira' y que la identidad de lo conocido siempre acaba por hacernos volver al sitio donde nacimos. Aún no estoy segura pero quizás tenga su razón de ser, es decir, los ancianos pierden la memoria reciente mucho antes de la remota y su vejez se torna en una rememoración frecuente de su juventud y de su infancia. Por lo tanto, es lógico que quieran reencontrarse con su tierra y volver a sentirse más seguros, acompañados por un entorno que conocen y del que se sienten parte, y por unas memorias que cobran vida en esas calles.

Yo, sin embargo, he optado por lo nuevo. Al menos por un tiempo. Y es en estas primeras fases de incertidumbre y preparativos para el cambio donde uno se plantea si realmente ha hecho lo correcto, si no hubiese sido mejor dejarse de complicaciones y no arriesgarse con un cambio. Porque al final todo es distinto y todo es lo mismo.

Hace unos años me mudé durante un curso completo, fuera del país, y no recuerdo bien cómo me sentía al dejar la estación de mi ciudad pero pienso que era una sensación parecida a la que tengo ahora; una mezcla de ilusión, emoción y miedo. Dudas, también dudas, y un sentimiento de cierta culpabilidad por alejarse de la familia, que obviamente preferiría que sus miembros estuviesen cerca.

Fué una experiencia que guardaré en mi memoria toda la vida, de todas formas. Con sus cosas buenas y sus cosas malas, porque en todos los sitios se viven momentos parecidos y se conoce a la misma gente en rostros distintos. ¿Qué me llevo de la vida si no exploro este mundo?, ¿hay algún sentimiento mejor que pisar por primera vez un sitio nuevo?, ¿de verdad compensa la seguridad de lo conocido al aprendizaje de un cambio?

Todas las respuestas son válidas para esas preguntas que supongo, nos hacemos todos.


Todo esto me recuerda que debería ver pronto 'Into the wild', la película basada en el diario de Christopher McCandless; la búsqueda del verdadero sentido de la vida de alguien que donó todas sus posesiones a la beneficencia para irse a Alaska y reencontrarse con la naturaleza. La historia, claro está, de un idealista.
Aunque realmente no sé si las ansias de 'ver mundo' y dejarlo todo para lanzarse a la aventura de recorrer nuevos países y de perderse es lo que más me conviene ahora mismo. Empiezo una etapa de cambio, sí, pero también de asentamiento y dudo que las posibilidades de viajar mejoren. Más bien al contrario, ya que el tiempo de vacaciones será reducido.



Sea como sea, allá vamos. 
El valor para marcharse, el miedo a llegar; otro motor más en la vida de una persona.

domingo, 21 de abril de 2013

Madrid, Madrid, Madrid.



Madrid para mí es colorido, luz, multiculturalidad. Como cualquier capital, es vibrante y llena de vida, pero pienso que tiene también un tono muy meridional típico de las grandes ciudades del sur de Europa. 
Roma, por ejemplo, es una explosión de diseños, colores, aromas y sabores de todo tipo. Como visitante, te 'golpea fuertemente los sentidos', como leí en una guía de Lonely Planet hace tiempo. Ese torbellino de vida se torna a veces en un caos incontrolable, para volver a ser el mejor lugar del mundo al momento siguiente. Una relación amor-odio que yo prefiero en pequeñas dosis, en visitas intensas a esas ciudades, pero sin pasar demasiado tiempo perdido en ellas.

Un amasijo de cosas que me recuerda a varios cuadros de la colección 'Hiperrealismo 1967-2012' del museo Thyssen, culminación de mi viaje.

La lista de 'cosas que ver' en Madrid es interminable: desde los museos de arte hasta el paseo por el parque del Retiro o la Plaza del Sol. El típico bocadillo de calamares que todos los bares ofrecen y llaman 'el auténtico'. Las calles llenas de gente, el metro abarrotado, el calor al mediodía, los turistas americanos y asiáticos, mil idiomas entremezclados en el aire, grandes edificios administrativos, el olor a tapas y cerveza rubia, el cláxon de los coches volviéndose loco en los atascos, los mendigos descalzos pidiendo limosna en los semáforos, las tiendas de souvenir y las tiendas de moda.

Y yo siempre pienso, en cualquier gran ciudad, en el 'Poema de la multitud que vomita', de Federico García Lorca...