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miércoles, 1 de mayo de 2013

Franco necesitaba un loquero [recomendaciones de libros sobre temas psiquiátricos.]

Qué bien.

Escribo 'los psiquiatras' en el buscador de Google y me sugiere:

'están locos.'
'mienten.'


Por suerte me sugiere también este libro, que parece interesante, y que reflexiona sobre la represión psicológica y psiquiátrica que usó el régimen contra los perdedores de la guerra civil.
Pongo aquí un extracto que ya de por sí hace reflexionar sobre el tema:


'Durante los largos años de la represión franquista, los principales psiquiatras españoles se convirtieron en guardianes de la integridad moral y política del régimen. Sus métodos, ideología y tratamientos parecían más destinados al castigo de los “rojos” y “los otros” que a la prevención y curación de enfermos. Enrique González Duro, uno de los más destacados psiquiatras españoles, ha buceado en archivos, removido documentación y analizado los textos doctrinales de sus colegas franquistas con el fin de sacar a la luz el comportamiento profesional y personal de una parte esencial de la psiquiatría oficial. El resultado es un libro estremecedor. Un riguroso trabajo que desvela aspectos, hasta ahora desconocidos, de la barbarie clínica cometida contra los perdedores.' 



'[...]El manicomio seguía siendo el eje fundamental de la asistencia pública y referente para el orden social, pero fué convertido en una institución de orden y para el orden. Lo importante era el mando único y la disciplina patriótica del personal facultativo, auxiliar y religioso, para controlar permanentemente al enfermo internado, considerado como un peligroso enemigo, dispuesto siempre a la fuga y tratado menos como paciente que como objeto de la disciplina y del «merecido castigo» [...]' (Enrique González Duro).


Y rápidamente me he ido a wikipedia (¡alabado sea internet!) para encontrar un poco más de información sobre este psiquiatra del que no había oído hablar nunca;

'Enrique González Duro (La Guardia de Jaén, Jaén, España, 1939) es un psiquiatra, profesor universitario, historiador y escritor español. Ha trabajado durante más de 30 años en la asistencia pública, habiendo sido uno de los líderes del movimiento anti-institucional de los años 70. Dicho movimiento, que mantiene ciertos puntos de contacto con la antipsiquiatría, ponía en duda las técnicas de la psiquiatría tradicional, proponiendo alternativas, tanto de tipo teórico como práctico. González Duro puso en marcha en el año 1973 el primer Hospital de Día de España. En 1981se hizo cargo de la reforma psiquiátrica de la provincia de Jaén. Actualmente trabaja en el Hospital "Gregorio Marañón" de Madrid, colaborando también habitualmente en prensa, radio y televisión.


Sus intereses literarios son muy diversos, aunque se hallan vinculados de una u otra forma a su profesión. Abarcan desde los temas estrictamente científicos (La paranoia, Historia de la psiquiatría), a los temas de actualidad (El miedo en la posguerra, El riesgo de vivir: las nuevas adicciones del siglo XXI). Constituye su especialidad la biografía psicológica de personajes históricos (Felipe González, Juan Ramón Jiménez, Francisco Franco...), faceta en la que destaca por su amenidad, su notoria agudeza y un respeto escrupuloso a la verdad histórica.'


Me anoto este libro junto con 'El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano' del neurólogo portugués Antonio Damasio y 'Filosofía para médicos' del físico y filósofo argentino Mario Bunge.


Sobre el primero, ha sido este resumen lo que ha hecho que me pique la curiosidad:


'[...] ¿Y cuál es el error de Descartes? Pues creer que la mente existe de forma independiente al cuerpo, una idea profundamente arraigada en la cultura occidental desde entonces. Descartes proclamó «pienso, luego existo», a lo que Damasio contrapone en este libro todo tipo de argumentos que demuestran que las emociones y los sentimientos no sólo tienen un papel relevante en la racionalidad humana, sino que cualquier daño en la corteza prefrontal puede hacer que un individuo sea incapaz de generar las emociones necesarias para tomar decisiones de forma efectiva.'



Sobre el segundo he leído lo siguiente, y me ha parecido una idea brillante:

'Los médicos filosofan todo el tiempo, casi siempre sin saberlo. Así adoptan: el realismo, cuando dan por descontado que sus pacientes son reales: el materialismo, cuando cortan por medio de la cirugía o recetan píldoras en vez de hacer conjuros o rezar; el sistemismo, cuando conciben y tratan el cuerpo humano como un sistema, no como un agregado de partes desconectadas entre sí. La filosofía en la medicina es un vasto territorio apenas explorado, casi desconocido por muchos médicos [...]'

Es una suerte poder profundizar en temas tan sumamente interesantes a partir de ahora, por eso a las 'Biblias de la Psiquiatría' ('Sinopsis de Psiquiatría' de Kaplan-Sadock, 'Psicopatología' de Vallejo Ruiloba, 'Psicofarmacología' de Stahl, y un larguísimo et cetera) siempre serán bienvenidos otros libros menos 'sagrados' pero de gran ayuda para los que andamos por estos mundos. En realidad, para cualquier interesado.

Y ya que estamos, recomendaré también tres películas que he visto recientemente y que tratan sobre temas psiquiátricos con cierta agudeza.


-'Silver linings playbook (El lado bueno de las cosas)'

David O.Russell, 2012, EE.UU.


Una comedia optimista y esperanzadora sobre la enfermedad mental, dispuesta a romper con muchos de los estigmas en contra de estas personas. Ideal para pasar un buen rato sin complicaciones, además de contar con unas actuaciones brillantes de sus protagonistas.
No es una obra maestra ni una profundísima reflexión metafísica, pero merece la pena verla por el humor que destila y por esa cercanía emocional a la hora de desvelarnos la forma de actuar y de ver las cosas de un chico con trastorno bipolar y de una chica depresiva con un pasado bastante turbio. Los dos le plantan cara a sus demonios.


-'Le diable probablement'
Robert Bresson, 1977, Francia.

Reflexión sobre el suicidio, de tintes existencialistas marcados. Da mucho que pensar y... qué decir del cine de Bresson; siempre genial, de minimalismo estético y matiz filosófico. Se ha convertido en una de mis películas favoritas de todos los tiempos.


-'House of fools'. 
Andrei Konchalovsky, 2002, Rusia.

 Esta es la historia de un hospital psiquiátrico que queda abandonado durante la guerra de Chechenia y es dirigido entonces por los propios enfermos. Es una película entretenida y simpática, sin grandes filigranas, pero que me hizo pasar también un buen rato y me sirvió de introducción a la obra de este director ruso... que tiene películas muy interesantes, como 'Siberiada'. En esta la trama se centra en una aldea perdida de Siberia donde la noticia del estallido de la revolución de 1917 es digerida con angustia por las familias pudientes, mientras que las familias pobres se entusiasman con la idea de un nuevo régimen político en Rusia.


martes, 30 de abril de 2013

Un tango a la independencia de Lituania.

http://www.youtube.com/watch?v=n6xAxu0ywX4





'Koridorious'. Un tango

Se bailan acordes de Astor Piazzola en el corredor, porque la independencia de Lituania es una tragedia y una celebración al mismo tiempo. Por encima de todo, es lo desconocido; ese paisaje de neblina que penetra a través de la ventana al final de la película y la prolongada espera de una nación que despide ahora al que durante cincuenta años fué su gobierno paternalista.

Y veo esta espera fútil que ansía el cambio en las similitudes físicas entre el niño rubio que quema sábanas y el joven que fuma mientras pierde la vista hacia el infinito, pensativo, al inicio de la filmación. ¿Podrían ser una misma persona? Un niño que aprenderá a esperar, ya que los años pasarán y la habitación vacía tras los brindis y el baile permanecerá vacía nuevamente, y los personajes se pasearán por el corredor buscando algo... abriendo puertas de madera, porque ninguna otra puerta encontrarán abierta.

El liderazgo soviético será continuado por unas reglas religiosas muy rígidas, y escuchamos los coros y las oraciones detrás de las paredes. Las torres industriales se tornarán campanarios. Y, tenemos un observador, como lo tuvo también Tarkovsky; es un hombre moreno que canta a través de una ventana destartalada y juega con la idea del suicidio. Porque una escopeta es buena para cantar a través de su cañón, y quién sabe, la muerte podría traer consigo el paraíso. Pero eso también es desconocido y nada pasará en esta escena tampoco.

Cine mudo que refuerza la pérdida de comunicación durante los tiempos soviéticos, y la falta de dirección personal de los personajes ahora que han sido dejados a su libre albedrío. Un pasado que se torna difuso a veces; otras es temido, otras pura nostalgia. Un pasado que envuelve la primera mitad de la película con un halo de aburrimiento profesado por la mayoría de los personajes de este corredor. Y un futuro que les fué robado a varias generaciones y está manchado, y es desconocido: el hombre que acaricia la cara de un niño, nostálgico de su propia juventud, haciendo que salga corriendo como si escapase del horror y de la muerte para dejar al hombre temblando y tapándose la cara avergonzado.

Se abre una puerta al fondo del corredor, una luz blanca sale del habitáculo. ¿Una promesa de futuro?, ¿el paraíso perdido?

El niño rubio nos enseña su montón de llaves, esperando abrir con ellas muchas puertas, pero... todo lo que hace es esconderse en una habitación oscura y beber. El alcoholismo ha sido uno de los mayores problemas sociales de los países post-soviéticos, hecho reflejado en este niño que no sabe qué otra cosa podría hacer ahora. O se ha perdido, o quiere escapar de una gris realidad. Sufrirá y tendrá que luchar para salir de su ciénaga, siendo empujado hacia el lodo por hombres que quieren sepultarle en el barro. La quema de sábanas blancas como símbolo de la inocencia perdida, el disparo a un pájaro como símbolo de la libertad robada.

Comerá también una manzana, llevándonos a una referencia bíblica sobre el paraíso y la condenación eterna.

Afuera hay hogueras para que la gente se caliente, a modo de ofrenda para purificarse a sí mismos y a una tierra que lleva décadas muerta. En la mesa donde más tarde se tumbarán los personajes, a esperar a ser devorados por los dioses, hay ahora un pastel cortado en trozos diferentes... como si quisieran simbolizar la separación de las federaciones soviéticas de Rusia. Hay varios huevos rotos y descascarados.

'No se puede hacer tortilla sin romper huevos', dijo Lenin para justificar las masacres. Y el dolor.